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20 feb 2008

Jóvenes bárbaros catalanes, de Pilar Rahola (La Vanguardia 20 febreiro)

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A pesar de los muchos matices que permite el caleidoscópico ideológico, las fronteras están claras cuando se trata de defender la libertad, y en estos casos extremos, no hay caminos sinuosos, ni calculadas ambigüedades. Por supuesto, hablo de lo ocurrido en la Universitat Pompeu Fabra con la candidata del PP Dolors Nadal. Hablo de militantes independentistas que gritaban "fuera los fascistas", mientras actuaban como jóvenes bárbaros del fascismo patrio. Hablo de ese "templo de la inteligencia", donde la inteligencia cae derrotada, frecuentemente, en manos de la exclusión. Hablo de violencia radical o, quizás, del germen de un fascismo catalán genuino. Ayer Josep Cuní osó nombrar lo innombrable: "Se puede ser catalanista y fascista", dijo en TV3, y Antoni Puigverd puso sobre la mesa a los hermanos Dencàs y a sus famosos desfiles militares de las juventudes de ERC. Ciertamente, la secular historia del catalanismo político no es ajena a las tentaciones fascistas, y aunque estas han sido muy minoritarias, han coexistido, en tiempo y lucha, con el catalanismo democrático. Hablemos, pues, sin caretas, ni miedos atávicos, de un germen que también ha florecido en la "Catalunya triomfant", y cuya deriva actual nos conduce, sin atajos, a las esteladas que ondean mientras se impide violentamente la palabra libre de una candidata. ¿Entenderán, alguna vez, estos jóvenes bárbaros que la libertad significa, precisamente, que puedan hablar los que no nos gustan? Que por eso luchamos, cuando luchamos por la libertad.

3 feb 2008

Y Lamela Esquiando (Pilar Rahola, en La Vanguardia)
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Un médico que ejerce su profesión con rigor, en situaciones de esta naturaleza, me explicaba que, gracias a este escándalo, la confianza en las terapias del dolor podían retroceder años. Hablamos de personas que sufren lo indecible, en situación terminal. Hablamos de la angustia de sus familiares, que luchan por paliar su agonía. Hablamos de médicos que facilitan esos momentos extremadamente crueles. Hablamos de medicina en estado puro. Y, a todo ello, se le echó toneladas de pura mierda política. Y perdonen la dureza del término, pero en este caso, ¿conocen expresión mejor? Lo peor es que, después de la sentencia exculpatoria, los medios afines al PP han continuado mezclando religión, medicina y sanidad, como si estuviéramos ante una especie de eutanasia generalizada. El objetivo final de este poti-poti perverso, es mantener alargada la sombra de la sospecha. En este sentido, sólo cabía oír al actual consejero de Sanidad,Juan José Güemes, en la entrevista que le hizo Julia Otero en Onda Cero, y observar cómo se juega a la ambigüedad para continuar inculpando. Ha sido una vergüenza mayúscula, una irresponsabilidad política inimaginable y ha sido una maldad para con los enfermos terminales. Que durante todos estos días Lamela esté felizmente esquiando en Baqueira no aporta vergüenza al escándalo. Sólo nos da más información sobre la categoría moral del personaje.