
A familia dos elefantes (Pablo Jáuregui, El Mundo- Natura, 12.1.08)
Según acaba de descubrir un equipo de investigadores de la Universidad de Saint Andrews (Reino Unido), estos animales poseen una impresionante capacidad para establecer y mantener una amplia red de relaciones familiares. Ya se sabía que los paquidermos utilizaban un repertorio de aproximadamente 70 sonidos para comunicarse dentro de sus manadas. Pero ahora se ha comprobado que, además, poseen un sentido del olfato y una memoria tan potentes que son capaces de conocer la ubicación de decenas de parientes en todo momento. Para llegar a esta conclusión, la investigadora Lucy Bates y sus colaboradores analizaron el comportamiento de 36 familias de elefantes en el Parque Nacional de Amboseli (Kenia). Los científicos recogieron muestras de orina de los paquidermos y las iban colocando ante ellos para observar sus reacciones. De vez en cuando, intentaban engañarlos, al colocar muestras de un individuo que se encontraba justo detrás de ellos, o en una zona muy alejada. Sin embargo, la reacción de extrañeza y sorpresa que siempre mostraban los elefantes ante esta artimaña (oliendo repetidamente cada muestra que no cuadraba con sus expectativas) probaba que los elefantes sabían perfectamente identificar a sus familiares. De esta manera, los investigadores concluyeron que los elefantes son capaces de generar un «mapa mental» con el que pueden localizar a aproximadamente 30 parientes.
Esta habilidad tiene un gran valor para la supervivencia y el bienestar de los paquidermos, ya que el apoyo de la familia puede resultar fundamental en la búsqueda de comida o la protección ante posibles depredadores. Y es evidente que se forjan fuertes lazos de afecto en cada familia, porque -como ya contamos en una columna anterior- los elefantes incluso muestran dolor ante la muerte de un ser querido. Si pudiéramos dialogar con ellos, seguro que entenderían la melancolía que produce celebrar la Navidad con el recuerdo vivo de los que ya nunca volverán a casa.
Esta habilidad tiene un gran valor para la supervivencia y el bienestar de los paquidermos, ya que el apoyo de la familia puede resultar fundamental en la búsqueda de comida o la protección ante posibles depredadores. Y es evidente que se forjan fuertes lazos de afecto en cada familia, porque -como ya contamos en una columna anterior- los elefantes incluso muestran dolor ante la muerte de un ser querido. Si pudiéramos dialogar con ellos, seguro que entenderían la melancolía que produce celebrar la Navidad con el recuerdo vivo de los que ya nunca volverán a casa.



