4 jul 2008

en poleiro alleo

J.M. Ponte reflexiona no Faro arredor de "Los científicos y Dios".
Antón Reixa dálle a volta, con intelixencia contundente, ó Manifesto pola Lingua Común. Na mesma liña, o artigo de Fernán-Vello, cun pé en Julio Camba e as súas babecadas sobre o noso idioma: "Galegos contra o galego".

3 comentarios:

Anónimo dijo...

É moi coñecida condición atea de Einstein. Anque poidera crear confusión o uso metafórico que facía ás veces de termos relixiosos.

Tamén era antinacionalista, non creía en patrias ou pobos. Fácil de comprender, tendo en conta a época de guerras nas que vivíu. Pensaba que nun futuro quedarían abolidos países e fronteiras. E pronosticóu a creación dunha "policía internacional".

Tamén foi un dos pioneiros do movemento pacifista, con Bertrand Rusell. A pesares da famosa carta a Roosvelt na que lle aconsellaba a investigación atómica, sabendo como sabía que o nazismo xa traballaba neso.

Aburríanlle as cuestiós personáis. Nunha pequena autobiografía que escribíu, só detallóu a evolución do seu pensamento, ignorando todas as influencias que na súa vida tuvo o turbulento peridodo histórico no que vivíu.

Anónimo dijo...

El manifiesto por la lengua común esentado el pasado mes de junio en Madrid comienza con la siguiente afirmación: «Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas [...] sólo una de ellas es común a todos [...] por tanto sólo una de ellas -el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida». Este enunciado contiene una contradicción que recorre de arriba abajo todo el manifiesto. Consiste en afirmar, por un lado, que todas las lenguas oficiales son igualmente españolas y, por otro, que sólo una de ellas goza del deber constitucional de ser conocida. (...) a continuación se dice que «son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas». Si esto es así, entonces no debería haberse dicho en el punto primero que el castellano goza del deber constitucional de ser conocido, porque las lenguas no gozan de derecho o deber alguno. Aquí se percibe de forma cristalina el nacionalismo lingüístico castellanista imperante en el manifiesto: sólo son las demás lenguas españolas las que carecen de derechos; el castellano tiene todos los derechos del mundo.

Conocer la lengua oficial del Estado no es un deseo encomiable, sino un imperativo legal. Por eso, quienes trabajan en las instituciones del Estado están obligados a usar el castellano. Pues bien, si el catalán es oficial en Cataluña, quienes ejercen sus funciones en las instituciones catalanas deberían igualmente estar obligados a usar el catalán. Esta obligación está legalmente legitimada por el hecho de que el catalán es lengua oficial.

(...) ¿Es posible ser funcionario de la Administración del Estado sin conocer el español? Si esto no es posible ¿por qué habría de serlo que un funcionario de la Generalitat no sepa catalán?

(...) Estamos, pues, ante un manifiesto a favor de la supremacía y dominio absolutos de la lengua española sobre todos los demás idiomas de España. Por esa razón, es un claro exponente de la ideología del nacionalismo lingüístico español en una de sus formas más radicales y megalómanas.(...)

Marcos Valcárcel López dijo...

POR FAVOR, cando peguen textos alleos, citen autoría e procedencia. Graciñas.