
Outro gravado fermoso
Este fermoso linóleum é de Carlos Maside e está na portada dun dos clásicos das nosas letras que de seguro teñen nas súas bibliotecas e que no interior contén debuxos de Xohán Ledo cos textos. Xa saben cal é, non?
Na vella Auria un recuncho para a reflexión, o lecer e o pensamento. Unha fiestra aberta ao mundo dende aquela vella sentenza de don Vicente Risco: "Ser diferente é ser existente".


Prego de Oliver.
Xa noutras ocasións teño falado neste recuncho da obra artística de Prego de Oliver e fágoo hoxe de novo para amosar a miña ledicia pola exposición que se inaugurou nestes días na Casa de Galicia de Madrid, presentada por Basilio Losada e boa parte da familia Prego. O ourensán foi sen dúbida un gran pintor e quizais os artistas galegos que lle sucederon non deron aínda testemuño do moito que lle deben, aínda que non fose Prego un artista da vangarda. En datas próximas vaise publicar un libro de artigos de Otero Pedrayo no que o creador de Trasalba tamén se refire ó pintor, gabando o engado inesquecible dos seus cadros: “le atraen las adolescentes en apariencia frágiles, los huertos con aguas antiguas para el baño de la luz y de las muchachas tempranamente serias”. Porque ninguén, di don Ramón, pintou como el as vellas e os esmolantes dos arrabaldos das cidades.
(Pan por Pan 11 xaneiro)




Los alimentos corporalesLlamar amor a lo que tú y yo hacemos
es cometer una sensiblería
indigna de nosotros, que aún somos amantes.
Eso es mejor que lo hagan los demás,
aquellos que precisan aguar un vino fuerte.
Lo nuestro es un fenómeno distinto,
sin ningún circunloqui, sin grumos literarios.
Se manifiesta en el arrasamiento
recíproco. Consiste en una prospección
para obtener placer y para darlo,
un hurto generoso que se ofrece egoísta.
Es un trabajo en las calderas
de nuestra intimidad, un primitivo
cerco en torno al castillo de la vida.
La carne se alimenta de la carne,
de su mutuo veneno jubiloso.
Lo que hacemos tú y yo no es el amor.
A no ser que se entienda por ello un sacrificio
donde nos ofrecemos a los dioses suicidas
que habitan en el pozo de nuestra propia sangre.
Para nombrarlo habría que incurrir
en palabras que algunos consideran obscenas,
aunque la obscenidad tampoco lo define,
porque no pretendemos aleccionar a nadie
ni sobre el impudor, ni sobre la virtud.
Lo que mejor explica, sin agotarla nunca,
la bárbara pureza del deseo recíproco
es una cacería de animales
y el hartazgo feliz en que se sacian,
con los ojos cerrados contra el tiempo,
en el avaro éxtasis de su feroz banquete.
Para la bestia octópoda que engendramos tú y yo,
son una estupidez los términos pacíficos,
un triste deshonor en la batalla.
No hacemos el amor, desvalijamos
con codicia nocturna en la casa del cuerpo.
Pobre Rosalía...!! 



