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En un país necesitado de supuestos símbolos de unidad, pocas cosas ayudarían más que la admiración compartida. Y sin embargo, como bien explica Fernando Fernán-Gómez en "La silla de Fernando", nuestra pequeña película-conversación con él, la característica común de los españoles no es la envidia, sino el desprecio. Y además, el desprecio a la excelencia. En este país los listos se tienen que hacer pasar por tontos para sobrevivir o aspirar al aprecio. La sinceridad está penada frente a la hipocresía. Y nadie se atreve a decir lo que piensa, sino que se esmeran en decir lo que los demás quieren oír. A la gente valiosa y descollante se le trata de encontrar un defecto, reducir a una caricatura para hacerlos asequibles. Y no es así, habría que enseñarle a la gente que ante ciertas personas, y Fernando es uno de los elegidos, el complejo de inferioridad está totalmente justificado.