31 jul. 2006


















Nada pode xustificar estas imaxes (como pode un pobo como o xudeu, que padeceu o Holocausto, asistir impasíbel a estas masacres?)

YASHMINA SHAWKI
En contra de los judíos, no; de sus actos, sí
(La Voz de Galicia, 31 xullo 2006)

LLEGARON a mi casa una soleada mañana del mes de diciembre de 1976. Quince libros, de tamaño bolsillo, pulcramente encuadernados en piel teñida de rojo, negro y oro. Mi madre los colocó en la estantería más alta de la biblioteca, no sin antes aleccionarme para que no me acercara a ellos. «Estos libros son muy valiosos y los he comprado para que cuando seas mayor conozcas la historia y sepas lo que realmente sucedió. De momento, eres muy pequeña para comprender». Y así, fue. El tiempo, que todo lo cura, me dio los centímetros suficientes para alcanzar aquella estantería y el raciocinio necesario para asimilar su contenido. Lo cierto es que casi hubiera preferido haber tardado más, ya que aquellos quince tomos marcaron un antes y un después en mi forma de entender el mundo. Las fotografías en blanco y negro que los ilustraban mostraban la crueldad suprema a la que puede llegar el ser humano, la monstruosidad nazi para con los judíos y miembros de otras minorías ajenas a la pureza de la raza aria. Seis millones de personas apartadas de sus ciudades, de sus familias, de su mundo, para ser encarceladas, masacradas, torturadas y vejadas. Resulta muy difícil no sentirse avergonzado por el Holocausto. Sin embargo, el conocimiento y el reconocimiento de esta parte tan negra de la historia contemporánea no justifica que sus víctimas puedan cometer otras atrocidades, que sesenta años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial se les permita a los judíos hacer lo que les plazca bajo la excusa de la legítima defensa. Somos millones los que hemos crecido admirando el esfuerzo de recuperación de los judíos diezmados, su lucha por crear un país democrático en las arenas de un inhóspito desierto, sobre las ruinas de un pasado casi olvidado y rodeados de enemigos que, les guste o no reconocerlo, ellos mismos se han creado. Pero, igualmente, somos millones los que negándonos a que se nos acuse de antijudíos denunciamos que el último ataque al Líbano, además de no justificado, viola las normas más elementales establecidas en el derecho internacional, y no puede ser tolerado. Los que consideramos que un acto de guerra así responde a otros intereses diferentes a la erradicación del terrorismo, y que acabará por cobrarse un alto precio de inseguridad en el marco regional.