8 dic. 2006

CARTA ABERTA DE UN EX-PRESO PALESTINO AO PRESIDENTE DE IRÁN

Apareceu o mércores pasado no suplemento cultural de La Vanguardia e quíxeno pegar aquí, pero non encontrei a ligazón na rede. Pareceume un documento moi interesante e agora aparece íntegro nesta web. Velaí só un anaco do texto:

La larga condena que he cumplido me ha proporcionado la oportunidad de leer libros y artículos que, fuera de la cárcel, están fuera de nuestro alcance debido a nuestras normas sociales y a nuestra ideología. Estos materiales ofrecen un conocimiento más profundo de la historia del régimen nazi y del genocidio que perpetró. A principios de la década de 1990, leí artículos de pensadores palestinos como Edward Said y Azmi Bishara, y descubrí hechos y posiciones que contradecían las mías y las de muchos otros palestinos. Sus escritos me despertaron la curiosidad y las ansias de saber más, de modo que procedí a leer testimonios de supervivientes del holocausto y de la ocupación nazi. Estos testimonios, por cierto, no eran sólo de judíos, sino también de personas de otras nacionalidades. Cuanto más leía, más me daba cuenta de que el holocausto es un hecho histórico, y descubrí las monumentales dimensiones del crimen de la Alemania nazi contra los judíos, otros grupos sociales y nacionales, y la humanidad en general. Averigüé que la Alemania nazi aspiraba a instaurar un nuevo orden mundial dominado por la raza aria pura mediante la aniquilación física de las razas impuras y la esclavización de otras naciones. Descubrí hasta qué punto los aparatos de Estados normales - burocracias, sistemas judiciales, autoridades educativas y sanitarias, ayuntamientos, redes ferroviarias y otros- habían participado y colaborado en la puesta en práctica de este nuevo orden mundial. En teoría este objetivo, así como las victorias del ejército nazi-alemán ocupante de la época, también pusieron en peligro la vida de árabes y musulmanes.El crimen es monumental, sin importar el verdadero número de víctimas: judías y no judías. Todo intento por negarlo priva a aquel que lo niega de su propia humanidad y lo pone a la misma altura de los perpetradores. Todo aquel que niegue el hecho de que este desastre provocado por el hombre no tuvo lugar, no debe sorprenderse de que otros nieguen el sufrimiento y la persecución de su propio pueblo a manos de los ocupantes extranjeros o tiranos del propio país.